Ayer vi a un niño viejo haciendo barquitos de papel. Arrancaba hojas de un libro de poemas de amor y echaba en su bañera estos barcos afligidos. Al contacto con el agua los versos se iban borrando, las palabras intentaron salvar su vida tirándose por la borda pero fuera del poema perdieron su sentido y se ahogaron. El agua fue apagando lentamente las voces de los viejos poetas. Nuestro viejo niño encendía velas a modo de luz de navegación, pedía auxilio, nadie acudió. Al naufragio sobrevivió medio verso de d'Ors, que trataba de un beso, y otro de Lope que ahora no recuerdo. El viejo - que tras contemplar el hundimiento ya no era niño- se levantó y se fue dejando tras de sí una bañera repleta de agua, cenizas y papel deshecho.