No era la primera vez que iba al Aquarium de San Sebastián, en las otras ocasiones era muy pequeña y apenas me acuerdo de lo que vi. Esta visita me ayudó a recordar lo que vi en las pasadas ocasiones y además pude plasmarlo en fotografías para así no olvidarme de lo que vi. Desde pequeña me ha gustado mucho el agua y los peces, he tenido un acuario en casa con muchos peces y de hecho en la guardería mi símbolo era un pez. Quizás por eso es por lo que me gustan tanto estos paisajes marinos, paisajes a los que estamos menos acostumbrados. Con colores a veces más vivos, mayores contrastes y con una amplia gama de azules.
Sabía que el museo estaba ahí, de ahí no se iba a mover, quizás por eso posponía mi visita cada vez que tenía la oportunidad. Cuando no tenía ningún plan no se me ocurría la posibilidad de ir al mueso a pasar la tarde o la mañana y ver las diferentes obras de arte. Pero esta ocasión era la mía, además rodeada de compañeros de clase. No me lo esperaba así de grande y tampoco me esperaba tantas obras de tantos artistas diferentes, ni me esperaba los pilares, ni esos mosaicos tan grandes, que cubrían las paredes por completo. Ahora mismo me arrepiento de no haber ido antes, porque no sabía lo que me perdía en mi propia ciudad, en esa misma calle por la que paso cada dos por tres. Esto me hace preguntarme qué otros lugares de mi propia ciudad no conozco aún.
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