Si algo sorprende de nuestra Universidad a personas que no la conocen, es el campus. Tan verde, tan cuidado, tan lleno y tan vacío a su vez. Hay gente que dice que está mal aprovechado y otros que está perfectamente estudiado. No se sabe si son edificios rodeados de jardines, o jardines con algún que otro edificio. El campus es un lugar especial, mires donde mire, hay un edificio espectacular rodeado de naturaleza bien cuidada, es un buen equilibro, una buena composición.
Sabía que el museo estaba ahí, de ahí no se iba a mover, quizás por eso posponía mi visita cada vez que tenía la oportunidad. Cuando no tenía ningún plan no se me ocurría la posibilidad de ir al mueso a pasar la tarde o la mañana y ver las diferentes obras de arte. Pero esta ocasión era la mía, además rodeada de compañeros de clase. No me lo esperaba así de grande y tampoco me esperaba tantas obras de tantos artistas diferentes, ni me esperaba los pilares, ni esos mosaicos tan grandes, que cubrían las paredes por completo. Ahora mismo me arrepiento de no haber ido antes, porque no sabía lo que me perdía en mi propia ciudad, en esa misma calle por la que paso cada dos por tres. Esto me hace preguntarme qué otros lugares de mi propia ciudad no conozco aún.
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